Estaba yo pensando estos días, (por aquello de por supuesto no olvidar pero sí desconectar en cierta manera de mi jodidísima situación actual) en que el año pasado por estas fechas ya había empezado a tener contacto con Erizo, la chica que conocí cara a cara en el mes de agosto y con la que viví un amor de verano (o más bien un error de verano), que duró mes y pico, o bueno... más bien cinco o seis fines de semana ya que limitábamos nuestros encuentros a esos dos "mágicos" días.
Pues bien, pensando en frío no hago más que llegar a una única conclusión: ¿qué narices hacía yo viéndome con un personaje de tal índole?
¿Era una chica 10? En absoluto. ¿Estabas enamorada de ella? Para nada, además no dio tiempo. ¿Podrías haberte enamorado de ella? Lo dudo enormemente. ¿Era buena en la cama? Cuatro polvos son complejos de valorar. ¿Te abrió su corazón de par en par? Sólo la parte que le convino. ¿Era caprichosa? A más no poder.
Ahora me doy cuenta de que nuestras citas eran auténticos rituales: era ella siempre la que venía a mi ciudad (jamás me invitó a la suya), yo la recogía en la estación con el coche, íbamos a alguna terracita a tomar unas cañas, después cenábamos siempre en restaurantes muy sibaritas (con lo cual me dejé un pastizal y además justo estando recién parada), luego caía alguna copilla y a la cama...
Así cada fin de semana...
Y continuando con la reflexión, aquí expongo tres cosas que me ponían negra:
-Siempre que íbamos a cenar, pedíamos una botella de vino tinto. Las primeras copas eran servidas por el o la camarera, pero cuando éstas se acababan, la morrocotuda de Erizo, cogía la botella. se echaba en su copa tan ricamente y pasaba de tener el detalle de mirar si a mí me hacía falta, ella sencillamente volvía a dejar la botella sobre la mesa y además a su lado, bien a su lado... ¡Muy bonito sí señor!
-Ya fuese comida para compartir o platos individuales, ella al segundo bocado empezaba a decir: "uff, ya estoy llena, pufff, estoy hicnhada, ufff, no puedo más"... (pero ella seguía comiendo y comiendo). Y la verdad es que a mí me hacía sentir mal, porque... ¡coño!, yo no me lleno al segundo bocado, o si lo hago no paso el parte cada segundo y dejo comer tranquila a la otra persona... Total, que terminaba malcenando con ella.
-Cenando frente a frente, ella que era una "conversadora intelectual" (entiéndase la ironía), comentaba:
-E: Amni, ¿tienes calor?
-A: Pues sí, un poco...
(Silencio de tres segundos)
-E: Es que estás muy roja.
-A: Sí, ya me imagino...
(Silencio de tres segundos)
-E: Estás sudando.
-A: Lo sé... ya me doy cuenta... (¡Joder! ¡Estamos en pleno agosto!)
(Silencio de tres segundos)
-E: ¿No llevas el abanico? Sácalo y date un poco de aire.
-A: Ya voy... (¡Qué pesada es joder!)
Y así cena tras cena. Sin exageraciones, de hecho me guardo algunas cosas para mí.
Así que ahora mismo, casi un año después de ésto, me doy cuenta de lo a gusto que se está sola. En cualquier caso no voy a negar que a veces se extraña la compañía de alguien que realmente merezca la pena, pero en general estoy bien como estoy.
Sin embargo, tampoco os voy a ocultar que precisamente hace unos días, sentí un pálpito con alguien, una especie de intuición, de energía positiva, de curiosidad... Pero bueno, no quiero darle mayor importancia. Ahora mi prioridad soy yo. Yo y por supuestísimo mis personas más cercanas.
¡Buen comienzo de semana a tod@!